La censura a los columnistas de prensa en Colombia y el caso de Claudia López


Recientemente mi colega en Twitter Carlos Armando Cuervo (@albinoni6),  publicó en su blog Pulso de Opinión un artículo analizando con  agudeza diversos aspectos que rodearon la demanda por injuria y calumnia que entabló el expresidente Samper contra la columnista Claudia López. Por su parte, Gloria Ortega Pérez (@Bunkerglo) divulgó en su blog Sentipensantes una transcripción literal del sentido de la sentencia absolutaria que profirió la juez a cargo del caso, cuyo texto definitivo solo se conocerá en las próximas semanas.

El texto que a continuación reproduzco, con algunos ajustes menores, es el comentario que dejé plasmado en el blog Pulso de Opinión, a propósito del post que sobre el mismo tema divulgó su autor.

De este modo, las conversaciones que iniciamos en Twitter se trasladan a la blogosfera, donde ya sin la restricción de los 144 caracteres es posible amplificar los argumentos y ahondar en el debate y en las razones que se aducen para respaldar una u otra postura.

Apreciado Carlos Armando:

El fallo de absolución  a Claudia López por parte de la jueza el pasado 24 de febrero, siguiendo los planteamientos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), planteó con claridad el criterio de que en el caso de los políticos el derecho a la honra se subordina al derecho de opinión libre de los ciudadanos y periodistas, en ejercicio de  su labor de fiscalizar a los gobernantes y de participar con opiniones, críticas y propuestas, en la construcción de lo público y en la toma de decisiones.

Por lo tanto, quienes plantean la tesis de que tienen igual entidad el derecho a la honra del personaje político y el derecho a la opinión de los ciudadanos y periodistas, y que el límite de esta última sería no llegar a lastimar la honra de los primeros, están plantados en una  teoría que va a la zaga de los planteamientos de la Corte Interamericana de DDHH.

Por eso se dice que el político debe tener piel de cocodrilo, para aguantar todos los sinsabores de esa labor. Ahora bien , como la honra no se repara por  una mera decisión judicial,   la intención oculta de esta demanda de Samper -y la que se hizo contra Alfredo Molano por parte de miembros de la familia Araujo, varios de cuyos parientes  quedaron involucrados en el escándalo de la parapolítica-, es la de amordazar a los columnistas independientes y críticos, que se convirtieron  en una de las pocas zonas fuera de control por parte de la clase política y de los dueños de los medios de comunicación, a menudo estrechamente vinculados con ésta.

Durante ocho años de Uribato, mientras se controló férreamente el contenido de los medios  con diversos mecanismos, la información veraz sobre la realidad y la crítica política seria se atrincheraron en las secciones de opinión de algunos periódicos y revistas, y en especial en un grupo selecto de columnistas que han sabido estar a la altura de sus deberes con la sociedad.  En consecuencia, las élites en el poder profundizaron  los intentos de acallar y silenciar  a esos columnistas.

Apenas iniciando el  primer gobierno de Uribe en 2002, tuvo que salir exiliado del país el columnista Fernando Garavito, el recordado Juan Mosca, quien recientemente falleció en el exilio en un accidente de carretera, mientras anhelaba retornar a Colombia. Por su parte, Daniel Coronell fue sometido a amenazas anónimas vía internet, las cuales  se comprobó después  que procedían del computador de  un amigo personal ( exparlamentario y exconvicto por narcotráfico en los EEUU) de Uribe Velez y su familia.  En diciembre pasado Coronell fue objeto de la más infame andanada de   oprobios y ataques personales por parte del expresidente  Uribe y de su hijo Tomás, a raíz de una columna en la revista Semana en la que se refirió a la participación de éste en reuniones en Panamá entre grandes empresas contratistas interesadas en licitaciones de obra pública del Estado Colombiano.

En este periodo, otros buenos columnistas fueron defenestrados de sus medios, incluída la propia Claudia López que fue censurada en 2009 por el diario El Tiempo, donde mantenía una columna semanal, por hacer una crítica a la política informativa del diario durante las pasadas elecciones. Javier Darío Restrepo, quien había sido defensor del lector de El Colombiano, y es un reconocido maestro de periodismo y ética periodística en Latinoamérica,  recibió un portazo en las narices  por parte de la dirección de este periódico que suprimió su columna semanal por las posturas críticas de Restrepo frente al gobierno de Uribe.  Varios columnistas del mismo diario se han visto forzados o tomaron la decisión de dejar sus columnas en distintos periodos aunque por razones parecidas (Gonzalo Medina, Héctor Abad Facciolince, entre otros).

A lo anterior habría que agregar el análisis juicioso del proceso de concentración de la propiedad de los medios en manos de grandes conglomerados económicos, el cual es un factor de mucho peso en esta problemática, pero que esperamos tratar en  otra oportunidad. Solo anotaré que el cierre de la revista Cambio en 2010 por parte del grupo español Planeta, ahora dueño mayoritario de la casa Editorial El Tiempo, fue asociado por los analistas con los excelentes informes sobre la corrupción política y administrativa del gobierno Uribe que allí se publicaron (escándalo AIS y otros), y el interés del grupo de congraciarse con el gobierno para garantizar el éxito de su aspiración de obtener la licitación del tercer canal de televisión privada en Colombia.

Hay quienes cándidamente sostuvieron que frente a una demanda como la de Samper contra Claudia López, convenía adoptar una postura neutral, porque el expresidente  tendría tanto  derecho a defender su honra presuntamente mancillada, como la periodista a  opinar libremente,  siempre y cuando tuviera pruebas de lo que dice. Tales comentaristas pierden de vista las  realidades del contexto de la evolución reciente de los medios que hemos expuesto y desconocen  las variadas formas y expresiones que adopta la censura de opinión por parte de elites autoritarias y corruptas.

Para dejarlos sin una de las herramientas predilectas por tales elites, pienso que lo mejor es discutir en serio la necesidad de despenalizar la injuria y la calumnia, como lo propuso recientemente un artículo editorial de La Patria, de Manizales, con argumentos que recojes en tu post. El Congreso de Argentina aprobó una ley en este sentido en 2010 y el tema es asunto de debate y legislación en varios países de América Latina en la actualidad.

Saludos para Irma y Mauricio, que enriquecen tu blog –Pulso de Opinión– con sus conceptos autorizados.

Con aprecio,

Juan Carlos Acebedo

26 de febrero de 2011.

Acerca de juancarlosacebedo

Soy un docente e investigador colombiano en los campos de la comunicación y la cultura, adscrito a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Surcolombiana. En la actualidad, indago sobre las nuevas funciones de los lectores/usuarios de la prensa digital y los procesos de configuración de la identidad política de los lectores. He publicado dos libros: "Entre el vértigo y la memoria. Prácticas periodísticas y representaciones sociales en los medios de la región surcolombiana" (2005); y "El apetito de la injuria: libelo, censura eclesiástica y argumentación en la prensa del Huila (1905-1922) , en el 2008.
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5 respuestas a La censura a los columnistas de prensa en Colombia y el caso de Claudia López

  1. Pedro Rivera dijo:

    Si algo hubo durante el Gobierno de Ernesto Samper fue el intento de manipulación de la prensa para tapar todos los escándalos relacionados con el Proceso 8000; prueba de ello fue que muchos periodistas que hacían la férrea defensa del régimen, fueron premiados con puestos burocráticos y/o diplomáticos. Y fue idéntica la situación durante los gobiernos de Pastrana (quién siempre tuvo en TVHOY su plataforma de lanzamiento) y Uribe (como usted mismo lo menciona en la misiva). Bueno, si nos atenemos a la Historia, en Nuestro Territorio, desde la Conquista el Períodismo siempre ha sido Objetivo de Manipulación por parte de los Poderosos….Pero NO nos podemos amilanar y debemos seguir expresando Nuestro Punto de Vista sobre todos los aconteceres.

    • Pedro: tu apuntas con toda razón a que los intentos de controlar los medios de comunicación y el periodismo han sido una constante en Colombia desde sus orígenes como nación. Parece que tal práctica fuera inherente a la actividad de todo grupo social o político que accede al poder y aspira a perpetuarse en él, pues le permitiría mantener un cierto control sobre los movimientos de la escurridiza opinión pública.
      Lo que ahora mismo me interesa es contribuir a develar los métodos y maneras específicas como el régimen Uribista, durante casi una década, logró sujetar a sus prioridades a los grandes medios de comunicación en Colombia, las tretas que empleó para disciplinar a los periodistas díscolos e independientes, como por ejemplo Hollman Morris, a quien olvidé reseñar en mi post, y los efectos que eso pudo haber tenido en la imagen ampliamente favorable que mostraron las misteriosas encuestas de opinión hasta el final de su infame mandato. Quizá si levantamos el velo que cubre estas actuaciones, la opinión pública pueda afrontar más críticamente las coartadas y cortinas de humo que suelen levantar los poderosos para evitar el control político de los ciudadanos.

  2. Sólo pienso que los políticos deberían estar ligados, más que a los actos que hagan, a la opinión pública. El gran medidor de un gobierno es el respeto y la libertad que se le dé a los medios.
    Pero qué podemos esperar si El Tiempo, que es un periódico totalmente oficialista, censura columnistas que, más que el mismo periódico, laboran en ciertas investigaciones para denunciar diferentes casos. No obstante, se necesita mandar a chuzar personas, periodistas, políticos de oposición… para lograr tener una columna en este medio. O adquirir acciones de una manera errónea en Invercolsa para, también, tener una columna allí.

    • Felipe: Como tu lo señalas, la contracara de este proceso de amordazamiento de los columnistas independientes y críticos, ha sido la “generosa” apertura de los medios de comunicación a personajes que más que como columnistas serios actúan como publicistas políticos de un grupo o facción política particular: el de los llamados uribistas “purasangre”. Tu aludes a José Obdulio Gaviria y Fernando Londoño, que mantienen hace años sus columnas en El Tiempo, sin que la vinculacion del primero al escándalo de las chuzadas o la condena al segundo por la indebida apropiación de las acciones de Ecopetrol, o el uso permanente que ambos realizan de ese espacio de opinión para atacar a los jueces que los juzgan y para apuntalar intereses personales y de grupo, le haya producido algún escrúpulo a las directivas de El Tiempo, tan diligentes en su momento para excluir a Claudia López de sus páginas de opinión.
      El Espectador aloja en sus excelentes páginas de opinión al impotable Ernesto Yamhure, y El Colombiano a nadie menos que a Uribito, tan mal columnista como fanático espadachín de su jefe político, el expresidente Uribe.

      • Yo no digo que ellos – los columnistas que respaldan a Uribe- deban salir del espacio que les abren con sus columnas, porque si nosotros dijéramos que ellos salgan de ahí, estaríamos contribuyendo a la NO libre expresión y derecho de opinión. Sólo que no es bueno que a unos los censuren y a otros los dejen ahí, aunque hayan dado más motivos.

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